Durante la última década, la política migratoria estadounidense ha trascendido el ámbito interno para convertirse en un instrumento de política exterior. Tanto en el primer mandato de Joe Biden (2021-2024) y la actual gestión de gobierno del segundo mandato de Donald Trump, las deportaciones y medidas de control fronterizo no solo respondieron a la gestión del orden interno, sino también a estrategias de negociación con México y los países del Triángulo Norte de Centroamérica. En ambos casos, la prioridad fue externalizar la frontera estadounidense, trasladando hacia el sur la responsabilidad del control migratorio.
La deportación como acto en la lógica de seguridad nacional estadounidensa
Cada deportación es una escenificación del poder soberano. En la lógica de la seguridad nacional, el Estado norteamericano demuestra su capacidad de decidir quién pertenece y quién no al territorio, pero al mismo tiempo envía un mensaje político hacia el exterior. Al deportar masivamente a ciudadanos de América Central, México o el Caribe, Washington reafirma una narrativa de control frente a la crisis migratoria, reforzando la imagen de un Estado que, aunque cuestionado, mantiene el monopolio de la frontera. En ese sentido, De Genova (2024) menciona que esta logica transforma la política migratoria en un acto diplomático, donde la visibilidad del castigo opera como instrumento de disuasión regional.
Por otro lado, la diplomacia migratoria estadounidense se sustenta en la vulnerabilidad estructural de los migrantes. Las personas deportadas encarnan las consecuencias materiales de los acuerdos bilaterales entre Washington y los gobiernos del sur global, pues, a través de mecanismos de cooperación, ya sean programas de asistencia, fondos de seguridad o presiones comerciales, Estados Unidos condiciona el grado de colaboración migratoria de sus socios. En ese sentido, para FitzGerald & Arar (2018), la deportación adquiere una función transaccional donde el sufrimiento humano se convierte en un lenguaje diplomático, donde la capacidad de detener o recibir migrantes define el valor geopolítico de un país. México, Guatemala y Honduras no solo son territorios de tránsito, sino también zonas de contención negociada.
Biden y la diplomacia del equilibrio (2021–2024)
La administración Biden heredó un sistema migratorio en crisis, marcado por la saturación en la frontera sur y la desconfianza de sus socios regionales. Lejos de revertirlo, optó por reconfigurarlo en términos cooperativos, buscando equilibrar las presiones internas y las demandas internacionales. A través de mecanismos como el Los Angeles Declaration on Migration and Protection (2022), la Casa Blanca promovió un enfoque de responsabilidad compartida que trasladó parte del control fronterizo a México y Centroamérica (Migration Policy Institute, 2024).
Sin embargo, ese giro diplomático no implicó una reducción en las expulsiones. Por el contrario, el gobierno incrementó los retornos voluntarios y las deportaciones discrecionales negociadas bilateralmente, garantizando la colaboración de países receptores a cambio de asistencia económica o alivios de visado. De esta forma, Biden transformó la deportación en una herramienta de diplomacia pragmática, legitimada bajo un discurso de cooperación humanitaria pero sostenida por la lógica de la contención.
En la práctica, esta política permitió mantener la estabilidad regional y responder a las presiones del Congreso, aunque consolidó una dependencia estructural de los países del sur respecto al financiamiento estadounidense.
Trump y la estrategia migratoria como legitimidad soberana
El retorno de Donald Trump a la presidencia marcó una ruptura discursiva, no necesariamente estructural. Desde enero de 2025, su administración ha convertido la deportación en una muestra de autoridad interna y un mensaje de fuerza hacia el exterior. Por ejemplo, la firma de la orden Protecting the American People Against Invasion (The White House, 2025) inauguró un ciclo de hipervisibilidad de la coerción estatal, reforzado por transmisiones mediáticas de operativos de ICE y conferencias en las que se presentan las cifras de deportaciones como éxitos nacionales.
A diferencia del pragmatismo negociador de Biden, Trump utiliza las deportaciones como demostración de poder soberano, subordinando la cooperación internacional a la obediencia. La retórica de invasión y limpieza administrativa ha reactivado tensiones diplomáticas con México y organismos internacionales, pero también ha generado réditos políticos en el frente interno, fortaleciendo su imagen de líder implacable.
Medidas establecidas por Donald Trump en materia migratoria
Referencias bibliográficas
The Washington Post. (2025, 19 de octubre). Investigations on ICE detention conditions and heat risks [washingtonpost.com]. https://www.washingtonpost.com/climate-environment/interactive/2025/ice-detention-extreme-heat/
The White House. (2025, 20 de enero). Protecting the American People Against Invasion (Executive Order) [whitehouse.gov]. https://www.whitehouse.gov/presidential-actions/2025/01/protecting-the-american-people-against-invasion/
U.S. Immigration and Customs Enforcement. (2025, 13 de junio). 100 days: record-breaking immigration enforcement in the U.S. interior [ice.gov]. https://www.ice.gov/news/releases/100-days-record-breaking-immigration-enforcement-us-interior
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